VI Congreso Político - Educativo de la CEA "Bicentenario. Realidad, desafíos y proyecciones"

Este foro se instituye como herramienta de apoyo para el trabajo y debate colectivo de los docentes que integran la CEA (y todos aquellos que quieran acercarse a la mirada que desde aquí proponemos) en pos de la temática de nuestro VII Congreso Político Educativo “Educación pública para la inclusión y la participación democrática. Experiencias y compromisos de la escuela de hoy”.

18 de julio de 2008

La escuela y la construcción de legitimidad*

Myriam Southwell


Numerosos son los dilemas y las incertidumbres que nuestras escuelas tienen en relación con la norma, su correlato con la disciplina y su manifestación en la convivencia. Por supuesto, esto se hace aún más complejo en una sociedad cuyos parámetros sobre la norma como preservación de "lo común a todos"encuen tran condiciones demasiado precarias y formas diversas de arbitrariedad.

Dar lugar a reflexiones en torno a estos problemas resulta un ejercicio muy productivo, siempre y cuando podamos dejar de lado la posición de cierta melancolía sin memoria; es decir, si se logra avanzar más allá de la preocupación por restituir algo que se ha perdido, y que se supone que antes existía de modo logrado y pleno.

La norma y la disciplina escolares siempre han planteado dilemas que encontraron respuestas diversas y con distintos grados de éxito. El éxito, en este caso, tiene que ver con poder establecer una regla común que la emparente con un horizonte de justicia. Acentuemos este carácter dilemático de la norma, tanto en el pasado como en el presente y el futuro de la escuela; la justicia (como concepto, como búsqueda) implica siempre dilemas sobre a quién se le da y a quién se le quita. Asumir ese carácter nos permite pensar la disciplina y la norma más allá de los métodos o los supuestos de la pedagogía tradicional, centrada en las prescripciones dadas por los adultos; pedagogía que fue -en muchas ocasiones- autoritaria.

También implica no perder de vista que la escuela es un ámbito específico y particular donde se produce la socialización de las nuevas generaciones en la cultura letrada y donde se construye una relación con la norma y la convivencia, no solo a través de los espacios curriculares que la escuela destina para ello, sino por el modo en que la justicia y la ética circulan por los pasillos, por los patios, en las palabras que se ponen en juego y en tantos otros lugares donde la escuela les da paso a formas de autoridad específicas.

Creemos que es importante abrir diálogos sobre el lugar de la norma y su vínculo con la disciplina y la escuela, porque ello implica también pensar cómo la escuela se posiciona en relación a la sociedad, a la formación del ciudadano; en resumen: a lo político en el sentido más general, o sea la vida en común. Como sabemos, más allá de las prescripciones existentes, el modo en que las formas de la justicia y la protección de niños y adultos entran en juego en la vida escolar plantea una serie de cuestiones que no tienen respuesta prefijada, porque se dan en el devenir de la práctica, en un terreno de decisión que no está previa y completamente cartografiado. Marcar este terreno de la decisión implica darle lugar a la pregunta sobre el vínculo entre escuela, ética y justicia, recordando que nadie -estamos hablando tanto de los jóvenes como de los adultos- puede, dentro de la escuela, poseer menos derechos que los que tiene fuera de ella. Quizás este sea un punto obvio pero no menor para pensar la convivencia y las normas en la escuela.

En estos diálogos necesarios, creemos que hay que abrir reflexiones que tomen en cuenta la realidad contemporánea. En los últimos años, la discusión acerca de la norma y los derechos entró en la escuela mayormente vinculada a la aparición de "nuevos derechos", entendidos ya no como derechos ciudadano-políticos sino como derechos de consumidores de bienes públicos y privados. Cabe notar que el control de calidad y la atención al cliente, la conceptualización de la justicia en términos de la defensa del consumidor, la demanda de derechos en términos de la "dignidad de los usuarios"y la especificidad del ciudadano-consumidor, suponen modos de subjetividad individuales y particularistas, que ponen el acento en el propio vínculo con nuestros consumos. No está necesariamente mal pensar en los docentes, los padres o los alumnos como consumidores de servicios, pero creemos que es necesario resaltar que la convivencia y la relación con la norma en una sociedad democrática requieren ampliar la mirada más allá del vínculo individual con aquello que se posee o se consume. La norma y la convivencia establecen puntos de contacto con la justicia en términos de una preocupación más colectiva, que supone a los otros, que requiere de una relación con otros.

Otro punto importante es que el diálogo sobre las normas y la convivencia en la escuela no debería pensarse solo en términos de encontrar los modos de evitar el desborde; es también un modo de pensar que las nuevas generaciones merecen recibir de nosotros una guía, una bitácora, una orientación acerca de modos de ocupar posiciones, de entrar en diálogo con los otros, de pensarse a sí mismo en lugares distintos en torno a la justicia, entre muchos otros aspectos. Ese posicionamiento que los adultos propiciamos para los nuevos -por acción u omisión- merece ser leído, por ejemplo, en las buenas y malas experiencias recientes en torno al establecimiento de Consejos de Convivencia o instancias similares. ¿Estamos siendo buenas guías? ¿Estamos dándoles una bitácora para que puedan orientarse en la vida política y social?

El hecho de que nociones como norma o disciplina sean hoy entendidas como materia de debate por no poseer contenidos esenciales, fijos y ahistóricos, ha sido un progreso en relación con las pretensiones absolutizadoras de otros tiempos que suponían reglamentos únicos, inflexibles, intocables, unidireccionales. Pero eso no implica abandonar la idea de normas comunes, y la búsqueda de horizontes de justicia para todos. Justamente por su carácter paradojal, la construcción de normas democráticas abarca procesos de interrogación política, y no problemas que se resuelven con fórmulas "lógicas" que no involucran decisiones de cada uno de nosotros.

Conviene entonces volver a la cuestión acerca de la norma, en términos de lo que su presencia o ausencia posibilita en las instituciones. La norma como referencia de un espacio común y que busca preservar a todos, supone que siempre se mantenga abierta la pregunta acerca de su legitimidad. En esa pregunta reside su potencialidad democratizadora. No se trata de abandonar la idea de norma, porque supone un lugar ético que los adultos debemos seguir ofreciendo. El desafío será pensar en la norma con las características de algo que nos referencia a todos y que ordena y organiza nuestra convivencia, pero que lo hace de una manera que permite preguntarse en forma periódica sobre su legitimidad. Una norma democrática, entonces, deberá prever espacios y mecanismos para que nos interroguemos sobre sus efectos, sus condiciones y el horizonte común que ofrece para todos.


*Extraída de la Revista El Monitor Nº2

Distintas miradas de una clase de historia

9 de junio de 2008

Ni uno menos

Si hacés click en el título, podés ver el artículo "Notas acerca de la vocación y autoridad docente a propósito de Ni uno menos" de Myriam Southwell*

Tres ejes para reflexionar sobre el film de Zhang Yimou

Ni uno menos es —en principio— una película controvertida en la medida en que ha suscitado (desde su estreno, en 1999) una multiplicidad de lecturas, varias de ellas opuestas. Zhang Yimou narra en esta película una historia mínima: la de Wei Minzhi, una adolescente de 13 años proveniente de las clases populares, que —por razones fortuitas— debe hacerse cargo de un aula en una escuela rural. Pero lo hace bajo la severa condición: que ninguno de los estudiantes (no mucho menores que ella) abandone el colegio, requisito que es indispensable para que la joven pueda cobrar su salario. Es bajo estas condiciones que Wei sale en busca de un alumno de apenas 10 años, que debe trasladarse hacia otra ciudad en busca de trabajo.


Así, una primera entrada al film de Yimou es a partir de los temas que aborda: las condiciones precarias en las que los estudiantes concurren a clase, la formación que reciben los miembros de culturas populares, la presión por el salario, la adolescencia, el rol del Estado, el protagonismo de las mujeres, son temas que recorre la película con una mirada documental, potenciada por la actuación de personas que no son actores (que en el film se llaman y trabajan igual que en la vida real).

Pero también es una película que puede leerse en términos políticos, teniendo en cuenta su contexto de producción: Ni uno menos se filma en un momento en que China avanza hacia el capitalismo, de manera más decidida desde la reincorporación de Hong Kong —Meca financiera del capitalismo occidental— al país asiático gobernado bajo un sistema comunista. En función de los cambios que se vienen sucediendo en ese país ¿cuál es el valor de la película frente a estos procesos? La revista especializada en cine El Amante ha sostenido que "la narración de Ni uno menos está construida a partir de la manipulación, atravesada por la ideología oficial y su propósito es didáctico, molesto, obsecuente con el poder" ¿Cómo es que una película que da cuenta de la voluntad de una adolescente por retener a un niño en el sistema educativo es calificada de esta manera? La revista sostiene que el film de Yimou —a partir de una ausencia de crítica al sistema— está clausurado por una moraleja que no puede ser más negadora de la libertad: la de la sumisión al poder, la bondad de las autoridades, la voluntad del gobierno y de la sociedad por superar las dificultades, que terminan por constituir a la película en "un canto a la obediencia”: reivindica al Estado (representado por la escuela, pero también en la sumisión de Wei en cumplir la orden de que ningún alumno abandone) en un memento en que las diferencias económicas y culturales en China se han ido acrecentando.

Sin embargo, el director contradice este tipo de interpretaciones del film. En 1999, los organizadores del Festival de Cannes la excluyeron de la selección oficial calificándolo de "propagandística" (del régimen chino) y la ubicaron en la muestra no competitiva. En ese momento, luego de retirar la película de la muestra internacional, Yimou denunció que “en Occidente hay siempre dos 'criterios políticos' a la hora de interpretar filmes chinos: antigubernamental o propaganda. Eso es inaceptable".

Una última entrada al film es a partir de la propia biografía del director: Yimou abandona sus estudios secundarios cuando, en 1966, la Revolución Cultural irrumpe en China y se ve obligado a comenzar a trabajar en una zona rural. Recién a los 27 años —y luego de trabajar durante siete en una planta textil— se matricula en la Academia de Cine de Beijing. Sin embargo, para que poder hacerlo tuvo que interceder el Ministro de Cultura chino, a quién Yimou interpeló de manera directa, ya que intentaron impedirle el ingreso a la Academia por estar cinco años encima de la edad límite de admisión. En su pedido, Yimou alegó que sus estudios se habían retrasado en virtud de obedecer a los lineamientos impuestos en su momento por la Revolución Cultural. Finalmente, en 1982 se licenció y, seis años más tarde estrenó su primer largometraje, luego de trabajar como asistente junto a otros directores. La interrupción de los estudios en función de necesidades político- económicas, la aceptación de los lineamientos establecidos por la autoridad y las posibilidades de realización personal son dos temas que atraviesan tanto el film como la biografía del director. Temas que, por otra parte, permiten una reflexión más allá de la situación particular que narrada en la película, sobre todo en contextos de vulnerabilidad y precariedad como los que plantea el film.


Ficha técnica

República Popular China, 1998. Título original: Yi ge dou bu neng shao.
Dirección: Zhang Yimou.
Duración: 106 min.
Interpretación: Minzhi Wei, Huike Zhang, Zhenda Tian, Enman Gao, Zhimei Sun, Yuying Fen, Fanfan Li, Zhang Yichang, Xu Zhanqing, Liu Hanzhi, Ma Guolin, Wu Wanlu, Liu Ru, Wang Shulan, Fu Xinmin, Bai Mei. Actores no profesionales interpretando unos personajes basados en ellos mismos.
Guión: Xiangsheng Shi.
Producción: Yu Zhao y Weiping Zhang
Música: Bao San.
Fotografía: Yong Hou.
Montaje: Ru Zhai.
Diseño de producción: Juiping Cao.
Vestuario: Huamiao Tong.




* Extraído de la página web del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, progama de Cine y Formación Docente 2005